domingo, 20 de enero de 2013

4.- Aspectos biográficos.

ANTECEDENTES

Al terminar la Guerra Civil la poesía española parece ser una negación de lo que los poetas del 27 se habían propuesto, la guerra fue probablemente el propagandista más grande de este grupo, pero fue también quien hizo inoperantes sus dogmas y exilió a muchos hacia otras naciones y hacia otras poéticas.
Desde el fin de la guerra el tema de lo social se impone, las circunstancias de la vida española son determinantes en la conformación de las distintas orientaciones; en los años cuarenta, prosperó una poesía neoclásica de exaltación nacionalista y evasión, y junto a ella, la poesía existencial y las nuevas propuestas del vangüardismo. En la década de los cincuenta aparece la poesía social erigida en arma ideológica y de denuncia de las injusticias. En los sesenta, el llamado grupo de los cincuenta reconoció el magisterio de los poetas sociales, pero buscó nuevos caminos centrándose más en lo individual.

EL GRUPO DE LOS 50

Hacia la década de los años 50 comienzan a aparecer poetas nuevos que representan la superación de la poesía social, sin dejar los temas sociales buscan una mayor elaboración del lenguaje poético y un desplazamiento de lo colectivo a lo personal.
Son poetas nacidos entre 1924 y 1938, los ''niños de la guerra'', que publican sus primeras obras en los años 50 pero su poesía se consolida en la siguiente década, de ahí  que también se les llame promoción de los sesenta. En este contexto aparece la Escuela de Barcelona donde debemos situar a Jaime Gil de Biedma. Aunque los autores de esta época sigan cada uno su trayectoria personal se detectan en ellos ciertos rasgos comunes: una preocupación fundamental por el hombre, pero huyendo de todo tratamiento patético, dan frecuentes muestras de inconformismo frente al mundo en que viven, pero se alejan de la poesía social que les precedió. Tratan temas comunes como el paso del tiempo y la evocación del paraíso perdido de la infancia, el amor, el erotismo y la amistad y la reflexión sobre la creación poética, el ''yo'' suele ser más importante que el ''nosotros''; lo que los aunará como grupo generacional será la creación y consolidación de una poesía de la experiencia personal, sus obras pasarán a formar parte de lo que se conocerá como ''poesía de la experiencia'', una poesia que surge de los acontecimientos cotidianos y concretos que forman parte de la experiencia personal del poeta, y a partir de los cuales expresa las reflexiones y sentimientos que le producen, será una de las líneas poéticas con más continuidad durante todo el siglo XX.

LA GAUCHE DIVINE

La sociedad española se fue transformando progresivamente durante los últimos años del franquismo.
En 1969, en un artículo en el periódico Telexpress, Joan de Segarra empleó por primera vez el término gauche divine (izquierda divina) para denominar a un grupo de arquitectos, escritores, fotógrafos, cantantes, poetas, empresarios, editores,...afines por su oposición al régimen  y también por su interés por la cultura que se estaba desarrollando fuera de nuestras fronteras. La gauche divine, que las crónicas relacionan inevitablemente con la discoteca Bocaccio de Barcelona, no era un grupo organizado ni un movimiento con voluntad de notoriedad pública, era más un cenáculo, un club sin estatutos, que se ocupó activamente de acabar con el franquismo, sobre todo cultural y vitalmente. Gil de  Biedma formaba parte de la gauche divine igual que muchos de sus amigos: Juan Marsé, Ana María Moix, Beatriz de Moura, Gabriel Ferrater, Colita,...Alcohol y tertulia fueron dos elementos omnipresentes en ese reducidísimo espacio de libertad que, para unos pocos, supuso la gauche divine.

                                      
La actriz y modelo Teresa Gimpera se convirtió, por derecho propio y por la famosa foto que le hizo Xabier Miserachs para el cartel de Bocaccio, en la musa de la gauche divine.

Unas declaraciones de Rosa Regás nos dan la clave para entender el carácter del grupo:
''Si alguna cosa tienen en común los componentes de la llamada gauche divine (...) es, muy especialmente, el interés cultural y político por todo aquello que se estaba tramando en nuestra ciudad, en nuestro país y en todo el mundo, el entusiasmo por el trabajo que habíamos escogido, la necesidad de entender la libertad como un derecho personal, el compromiso político en general desvinculado de la militancia y, en fin, el sentido del humor, la adicción a la carcajada y el ansia de recuperar la diversión que, hasta entonces, se nos había escamoteado. Y, sobre todo, el infinito amor a la transgresión, por insignificante que fuera, que nos proporcionó grandes placeres y nos convirtió en indiferentes y desdeñosos ante los juicios morales que nos dedicaban los moralistas de aquella sociedad mojigata y que, a veces, aún nos siguen dedicando sus herederos.''
La gauche divine también reunió a los compañeros generacionales de Gil de Biedma en lo poético, la llamada Escuela de Barcelona, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo formaban el núcleo barcelonés de la generación del 50 que mantenía  una estrecha relación, poética y de amistad, con sus coetáneos de otros lugares de España (en Madrid, por ejemplo, Claudio Rodríguez, Francisco Brines, Ángel González, José Ángel Valente y José Caballero Bonald).

Si bien es cierto que Gil de Biedma siguió a sus contemporáneos en la aventura de la poesía como comunicación, también lo es que fue un compañero de viaje poco disciplinado; en sus poemas de entonces no se propone mudar el yo por una colectividad a la cual el poeta es ajeno: testigo de su tiempo, va de la poesía civil a la confesión íntima, del compromiso político a la ironía. No escribe en nombre de una clase que desconoce, se ríe de la propia:

                               a vosotros pecadores
                               como yo, que me avergüenzo
                               de los palos que no me han dado,
                               señoritos de nacimiento
                               por mala conciencia escritores
                               de poesía social,
                               dedico también un recuerdo,
                               y a a la afición en general.


Entre Según sentencia del tiempo y Moralidades hay un lapso de historia en el que las gabardinas y las faldas largas son sustituidas por los jeans y las minifaldas. Son los años de la entrada de España en la ONU y de las huelgas universitarias que enfrentaron a los hijos de la pequeña burguesía con el régimen imperante. Aparecen voces como las de Raimon, Serrat y Lluis Llach y las primeras huelgas obreras. Si en estos tiempos la censura oficial no cede, la autocensura sí. La voz de Gil de Biedma se escucha cada vez más
profunda, más radical; no se propone como otros cambiar la vida, sus poemas, mostrando influencias de la poesía medieval, se parecen más a una representación íntima que adquiere valor general, se trata más de una moraleja  que de un dictado de normas morales; el autor viene a ser el juglar, no el inquisidor, un testigo crítico y un protagonista, no una conciencia moral portadora de la verdad.

A la relectura que sus compañeros de generación hacían de la poesía social de la generación anterior -Gabriel Celaya, José Hierro o Blas de Otero- de la que se diferenciaban por rasgos como el tratamiento de la palabra como material estético, la consideración del poema como experiencia y como actitud moral en la línea de la tradición inglesa y la conexión con el europeísmo de la generación del 27, Jaime Gil de Biedma incorporó en su obra una serie de tratos diferenciales, como la peculiar intensidad de su tono y  su asimilación de una tradición cultural más amplia que la hispánica. Sus orígenes casi aristocráticos, con un bisabuelo francés, un abuelo senador conservador, y otro ministro de varios gobiernos liberales antes de la guerra, le facilitaron una basta cultura y la posibilidad de leer a poetas que admiraba en sus lenguas originales tras largas estancias en Francia e Inglaterra (su segunda patria cultural). Trabajó muchos años como consejero y secretario general en la Compañía de Tabacos de Filipinas (''esa compañía tuya de Joseph Conrad'', solía decirle García Márquez) que le conectaba también al extranjero y le hacía pasar muchos meses en Manila.
Su obra se ve influenciada por la poesía anglosajona, los simbolistas franceses (concretamente Baudeliere), la literatura medieval y por un autor hacia el que siente una gran afinidad poética: Cernuda.
Gil de Biedma aprendió de Luis Cernuda el gusto por los poetas ingleses románticos y de otros de nuestro siglo. Gracias a Cernuda y a un libro muy citado por todos The Poetry of Experience de Robert Langbaum, poetas de la llamada ''poesía de la experiencia'' han hallado el fondo teórico y los modelos
ansiosamente buscados para crear un tipo de lírica novedosa y original.
Además de Luis Cernuda otros autores que tuvieron una especial influencia en nuestro poeta fueron César Vallejo, Antonio Machado y, entre los extranjeros, T.S.Eliot y W.H.Auden.
El mismo Gil de Biedma señaló lo mucho que sus poemas le deben a la lectura y estudio profundo de otros poetas anteriores: ''experimento con la tradición y con la imitación'' y casi todos sus poemas mejor estructurados tienen a la base un experimento deliberado de imitaciones, confesando en una entrevista al final de su vida, las fuentes de sus poemas, donde se incluía a Rilke y otros autores del romanticismo inglés y alemán, y que relacionaba con su propia experiencia.
En una  entrevista con Federico Campbell, publicada en 1971, en el volumen titulado Infame Turba, nuestro poeta aseguraba que ''la cultura clásica tiene mucha importancia para mí'' y también añadía ''de los 19 a 25 años, me eduqué en la poesía del Siglo de Oro, en el simbolismo francés y, sobre todo, en Baudelaire y los poetas españoles del 27''.
En la obra de Gil de Biedma, como en Luis Cernuda, se han reconocido motivos presentes en  Las flores del mal, ambos declararon haber leído a Baudelaire en su idioma original. Cabe destacar las coincidencias entre Gil de Biedma y Baudelaire: moralismo radical, densidad del tema metropolitano e innovaciones en la construccción de una lengua poética (además de que Biedma incluso colaboró con Martínez Sarrión en la traducción de Las  flores del mal).
La influencia de otras literaturas fue una tendencia de gran parte de su generación poética, causada por las circunstancias históricas en una juventud que vivió una separación brutal de sus predecesores poéticos de la cultura republicana del 27 y por sus estancias en el extranjero como le sucedió a Gil de Biedma como estudiante en Oxford en 1953. Allí nació su amor por la poesía anglosajona y concretamente por Eliot, en 1955 el poeta barcelonés llegó incluso a traducir un libro suyo, Función de la poesía y función de la crítica que completó con un estudio en el cual se esforzó por demostrar la postura de Eliot en la gran polémica que entonces se suscitaba en el panorama literario español, el debate en torno a la poesía como comunicación o como conocimiento, y de donde se demuestra  la gran identificación que tenía con este autor.
 
           ''La necesidad de innovar auténticamente obliga al escitor a no innovar demasiado y a
           ligarse a los modelos y a los escritores con respecto a los cuales quiere innovar; en
           tanto que se opone a ellos, depende de ellos. Por eso, remontarse en el pasado-más
           allá de la tradición inmediata-es quizá el medio más sutil y eficaz para innovar''

Cita de Biedma en la que resuenan los ecos de T.S.Eliot, en sus reflexiones en torno a la tradición poética.

Eliot fue también un admirador y un estudioso de la poesía francesa y de Baudelaire.

En sus obras tiene también gran influencia la tradicción clásica (Platón, Catulo...), aparecen textos clásicos citados como epígrafes de poemas, testimonios expresos en cartas, en su diario y en conferencias y entrevistas, así como evocaciones, imitaciones y referencias a la cultura clásica.
Un hecho que marcó su vida fue su condición de homosexual, y su inclinación hacia la vida bohemia y la noche en el seno de una sociedad represora como la franquista. El exceso de alcohol y una vida sin límites llevaron al poeta a situaciones muy complicadas (ejecutivo de día y explorador de los bajos fondos de noche), llegando a intentar suicidarse en dos ocasiones. Él mismo aseguró que le gustaría tener setenta y cinco años por la mañana, treinta y cinco por la tarde y veinte por la noche.
Pocas amistades femeninas se le conocieron: Mené Rocha, culta, inquietante, independiente, de la que fue inseparable en uno de sus viajes a Filipinas, Natacha Seseña o Isabel Gil Moreno de Mora, a quien dedicó el poema ''A una dama muy joven, separada'', y con la que incluso pensó en casarse.
El hecho de ser homosexual también se refleja en su poesía, sobre todo por la ausencia de femenino, además de que el autor relata en la versión póstuma de su diario sus múltiples aventuras amorosas en Filipinas, y manifiesta una afinidad esencial con la Grecia antigua (Roma clásica y Grecia antigua, un marco ideal para el desarrollo de la homosexualidad).
Gil de Biedma sostuvo que sólo había escrito un poema de amor (Pandémica y Celeste), y que los demás son poemas sobre la experiencia amorosa:

                        ''un diálogo entre la historia amorosa, o entre la escena amorosa que retrata,
                           y mi conciencia, es decir, yo''



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